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‘Cambio de tendencia en la industria agroalimentaria: más innovación por innovación’

Durante la última década siempre que se hacía referencia a las palabras ‘agrario’, ‘agrícola’ y/o ‘agricultura’, inevitablemente éstas quedaban ligadas a la palabra subvención. Y es que, el sector agrario ha quedado a la sombra del crecimiento vertiginoso que han disfrutado los sectores secundario y terciario durante los últimos quince años, siendo las ayudas a fondo perdido, en la mayoría de casos, el único sustento posible para el mantenimiento de un sector clave para la economía mundial y en el que las inversiones en nuevas tecnologías – aparte de la maquinaria- casi han brillado por su ausencia.

Es cierto que los agricultores sobrevivían con suministros estables de alimentos a precios asequibles gracias a ayudas procedentes de Europa y amparadas en la Política Agraria Común (PAC), pero la globalización y el cambio de tendencia en los modelos de consumo dentro del sector agroalimentario, han dejado de garantizarles un nivel de vida razonable.

Hablamos del sector agro inicialmente porque está íntimamente ligado con el alimentario, el cual, a pesar de estar quizás más enfocado a la industria trasformadora y ser el siguiente nivel dentro de la cadena de valor, también ha ‘agradecido’ durante la última década las innovaciones respaldadas en forma de subvenciones. Sin embargo, el punto de inflexión llegó hace unos años para, definitivamente, quedarse. En una economía tan global y cambiante como en la que vivimos actualmente, la mentalidad de ‘innovación si existe subvención’ no garantiza ningún éxito a corto plazo. Las empresas que realmente deseen alcanzar crecimientos sostenibles y diferenciadores con respecto a sus competidores, deberán buscar formas de innovar a través de retornos financieros y comerciales procedentes de dicha inversión y generados gracias al desarrollo de productos de alto valor añadido.

El modelo a seguir fue muy sencillo: las subvenciones siempre fueron parte de un juego en el que parecía que no importaba el qué se aportaba a la sociedad mientras se repartía dinero casi sin control. Sin duda, forma errónea de educar a las empresas por parte de la administración en donde ese control no fue lo más exhaustivo posible.

Ahora, con recortes presupuestarios, ese control ha aumentado y los fondos han decaído, pero hay empresas que siguen anclados en un sistema que fue totalmente negativo e ineficiente. 

Por todo ello, desde Sigma Biotech trabajamos para que las empresas apuesten por la innovación, valorándola como una inversión y no como un gasto. Solamente llevando a cabo una innovación responsable y valorando las subvenciones asociadas a estos proyectos como una ventaja más de innovar y no como el único motivo para hacerlo, las compañías conseguirán ventajas económicas no desvirtuadas de los beneficios reales, consecuentes del afianzamiento de la marca y del lanzamiento de productos que aporten valor en el mercado. (Marta González)

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